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jueves, 14 de abril de 2011

Por sus frutos los conoceréis...

En el estudio sobre el don de profecías presentado en el blog www.eventosdelosultimosdias.blogspot.com, dimos un claro ejemplo de cómo Dios -a lo largo de la historia- reveló su Palabra de distintas formas: a nivel general y de manera especial. Sin embargo, el estudio -un tanto esquematico- nos ha quedado límitado en cuanto a las implicaciones que de la misma se desprende en nuestra vida espíritual. Este blog nos da el espacio para incluir estas citas realmente preciosas, y quienes escribimos estos artículos creemos de suma importancia para que el pueblo de Dios reconozca la verdadera voz divina, sin mezcla de falsificaciones violentas. Por esta razón es que llamamos tu atención a las citas aquí presentadas, reflexionando sobre el testimonio que das como cristiano, y compartas con tus conocidos este importante tema... Vos y yo sabemos que el evangelio será predicado, no por videos, no por artículos, sino por TESTIMONIO. ¿Qué testimonio estás dando? ¿tu vida está en armonía con Cristo? ¿tu carácter y manera de pensar, es igual a la de Cristo?

Comencemos con dos versículos:

"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad." (Mateo 7:15-23)

Primera conclusión, los falsos profetas no poseen buenos frutos. Sus palabras y actos reflejan el espíritu que los domina. Poseen obrahacedores de maldads, frutos, pero son malos -aún cuando ellos piensan que los hacen en "su nombre"- son llamados "hacedores de maldad"

"¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano. No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:41-46)

La segunda conclusión de los versículos, es que no hace falta ser un falso profeta para tener estos frutos, sin embargo aquellos que estan en una situación donde influencian a los demás en cuanto a cuestiones de vida eterna, tienen una mayor responsabilidad. Quienes poseen este espíritu -de falso profeta- miran y señalan la falta ajena como forma de legitimar su situación espiritual y ministerial. Interesante es, que "de la abundancia del corazón habla la boca". Tales ministerios enemigos de Dios reflejan es sus actitudes, en sus palabras, en sus sermones, artículos y videos, el fiel reflejo de quién los domina.

"Cuando el Salvador mora en el interior, se revela por las palabras.  Pero el Espíritu Santo no mora en el corazón del que se enoja, si otros no concuerdan con sus ideas y planes.  De los labios de semejante persona, se escapan observaciones mordaces que entristecen al Espíritu, y desarrollan atributos, que son más bien satánicos, que divinos.  El Señor desea que los que están relacionados con su obra, hablen en todo momento con... la mansedumbre de Cristo.  Si usted es provocado, no se impaciente.  Manifieste la misma suavidad, de la cual hacía gala nuestro Señor.
Como cristianos debiéramos hablar como Cristo hablaría, si estuviera en nuestro lugar.  Anhelamos ver reformas, pero muchas veces porque las cosas no suceden como quisiéramos, un espíritu malo vierte gotas de hiel en nuestra copa, y otras almas son envenenadas.  Por nuestras palabras indiscretas enfadamos a los demás y los incitamos a la rebelión.  Fíjese la meta de hablar la verdad con amor.  Entonces el Señor Jesús, por medio de su Espíritu, suplirá la fuerza y el poder.  No mezcle el yo con nada de lo que haga para él.  Muestre siempre la humildad y la mansedumbre del espíritu del Maestro" (RH 9-4-1901).
EGW, La Voz y su Uso Correcto, p.76-77

viernes, 4 de junio de 2010

A ESTAR ATENTO

(PRIMEROS ESCRITOS 139)
Jesús dice: "Guardaos de los falsos profetas.... Por sus frutos los conoceréis." (Mat. 7:15,16.) Esta es una parte del Sermón del Monte, y todos pueden ver que este discurso tiene una aplicación general para la iglesia durante toda la edad evangélica.  Los falsos profetas han de conocerse por sus frutos; en otras palabras, por su carácter moral.  La única norma por la cual se puede determinar si los frutos son buenos o malos, es la ley de Dios.  Así somos llevados a la ley y al testimonio.  Los profetas verdaderos no sólo hablarán conforme a esta palabra, sino que vivirán de acuerdo con ella.  Al que habla y vive así, no me atrevo a condenarlo.
Siempre ha sido característica de los falsos profetas que vieran visiones de paz, y luego dijeran: "Paz y seguridad," cuando ha estado por sobrecogerlos la destrucción repentina.  Los verdaderos reprenderán siempre audazmente el pecado y darán advertencia con respecto a la ira venidera.

(MS 28, 1900).
Los ministros de Dios han sido culpables del pecado de no obedecer un "Así dice Jehová".  Han acostumbrado a los miembros de sus iglesias a observar ritos que no tienen fundamento en la Palabra de Dios, y que más bien estáis en oposición directa con la ley divina.  Al pervertir y tergiversar la Palabra de Dios han hecho que la gente peque.  Dios les pagará de acuerdo con sus obras.  Son culpables, como los sacerdotes y gobernantes del tiempo de Cristo, de hacer que la gente yerre.  Cristo dice de ellos como dijo de los dirigentes judíos: "En vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres"

(ISAIAS 58:1) "Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelion y a la casa de Jacob su pecado".


(Carta 76, 1902).
El profeta recibe esta palabra del Señor; un mensaje sorprendente por su fuerza y claridad:
"Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado". Aunque la casa de Jacob es llamada pueblo de Dios, y aunque declara que está unida con Dios en obediencia y comunión, se encuentra alejada de él. Le han sido dados promesas y privilegios maravillosos; pero ha sido desleal a ese cometido. Sin palabras halagüeñas debe dársele el mensaje: "Anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado". Muéstrale dónde se está equivocando. Pon ante él su peligro. Dile los pecados que está cometiendo, mientras que al mismo tiempo se enorgullece de su rectitud. Aparenta que busca a Dios; pero lo está olvidando, está olvidando que es un Dios de amor y compasión, de paciencia y bondad, que procede con justicia y ama la misericordia. Procedimientos mundanos han entrado en sus actividades y su vida religiosa. Su corazón no está purificado por la verdad. Dios estima que sus ceremonias de humildad externa son una solemne burla. Considera todo su fingimiento religioso como un insulto contra él.
El pueblo a quien habló el profeta creía que era muy piadoso, y destacaba su ayuno y otras ceremonias externas como una evidencia de su piedad. Pero sus actos estaban manchados por la lepra del egoísmo y la ambición. Todo lo que tenían lo habían recibido primero de Dios. El les prodigaba sus bienes para que pudieran ser su mano ayudadora, para que hicieran lo que Cristo habría hecho si hubiera estado en su lugar, representando debidamente los principios del cielo


 (MS 36, 1897).
Nos corresponde la obra de despertar a la gente. Satanás con todos sus ángeles ha descendido con gran poder para emplear todo engaño posible a fin de contrarrestar la obra de Dios. El Señor tiene un mensaje para su pueblo. Ese mensaje será predicado, ya sea que los hombres lo acepten o lo rechacen. Como en los días de Cristo, habrá astutas conspiraciones de los poderes de las tinieblas; pero el mensaje no debe ser encubierto con palabras suaves o discursos atrayentes que pregonen paz, paz, cuando no hay paz para aquellos que se están apartando de Dios. " No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos". [Se cita Isa. 58: 1-2.]
Todo el capítulo se aplica a los que viven en este período de la historia de la tierra. Considerad atentamente este capítulo porque se cumplirá

lunes, 12 de enero de 2009

DANGER! DANGER!!! Mensajes alagadores...

Esto es un verdadero DANGER, una alerta que nos deja una de las autoras cristianas más grandes de estos ultimos tiempos, Elena de White. Es impresionante este capitulo extraido del libro "Primeros Escritos". Cualquier parecido con la realidad, ES PURA COINCIDENCIA.

"Después de esto vi que Satanás consultaba con sus ángeles para considerar cuánto habían ganado. Era cierto que por medio del temor a la muerte habían logrado que algunas almas tímidas no abrazaran la verdad; pero muchos, que aunque tímidos la abrazaron, vieron al punto desvanecidos sus temores. Al presenciar la muerte de sus hermanos y contemplar su firmeza y paciencia, comprendieron que Dios y los ángeles les ayudaban a soportar tantos sufrimientos. Así se volvían valerosos y resueltos; y cuando a su vez les tocaba dar la vida, mantenían su fe con tal paciencia y firmeza que hacían temblar aun a sus propios verdugos. Satanás y sus ángeles decidieron que había otro medio aún más eficaz para que las almas se perdieran, y que daría mejores resultados. Aunque a los cristianos se les infligían sufrimientos, su firmeza y la brillante esperanza que los animaba fortalecían al débil y le habilitaban para arrostrar impávido el tormento y la hoguera. Imitaban el noble proceder de Cristo ante sus verdugos, y por su constancia y la gloria de Dios que los circuía, convencían a muchos otros de la verdad.
Por lo tanto Satanás resolvió valerse de un procedimiento más suave. Ya había corrompido las doctrinas de la Biblia, e iban arraigándose profundamente las tradiciones que habían de perder a millones de personas. Refrenando su odio, resolvió no excitar a sus vasallos a tan acerba persecución, sino inducir a la iglesia a que disputara sobre varias tradiciones, en vez de la fe entregada una vez a los santos. En cuanto logró Satanás que la iglesia aceptase favores y honores del mundo su pretexto de recibir beneficios, principió a perder ella el favor de Dios. Se fue debilitando en poder al rehuir declarar las auténticas verdades que eliminaban a los amadores del placer y a los amigos del mundo.
La iglesia no es ahora el apartado y peculiar pueblo que era cuando los fuegos de la persecución estaban encendidos contra ella. ¡Cuán empañado está el oro! ¡Cuán transmutado el oro fino! Vi que si la iglesia hubiese conservado siempre su carácter peculiar y santo, todavía permanecería en ella el poder del Espíritu Santo que recibieron los discípulos. Sanarían los enfermos, los demonios serían reprobados y echados, y la iglesia seria potente, y un terror para sus enemigos.
Vi una numerosa compañía que profesaba el nombre de Cristo, pero Dios no la reconocía como suya. No se complacía en ella. Satanás asumía carácter religioso y estaba dispuesto a que la gente se creyese cristiana; y hasta estaba también ansioso de que creyeran en Jesús, en su crucifixión y resurrección. Satanás y sus ángeles creen todo esto ellos mismos y tiemblan. Pero si la fe del cristiano no le mueve a buenas obras ni induce a quienes la profesan a imitar la abnegación de Cristo, Satanás no se conturba, porque como entonces los cristianos lo son sólo de nombre y sus corazones continúan siendo carnales, él puede emplearlos en su servicio mucho mejor que si no profesaran ser cristianos. Ocultando su deformidad bajo el nombre de cristianos, pasan por la vida con sus profanos temperamentos y sus indómitas pasiones. Esto da motivo a que los incrédulos achaquen a Cristo las imperfecciones de los llamados cristianos, y desacrediten a los de pura e inmaculada religión.
Los ministros ajustan sus sermones al gusto de los cristianos mundanos. No se atreven a predicar a Jesús ni las penetrantes verdades de la Biblia, porque si lo hiciesen, estos cristianos mundanos no quedarían en las iglesias. Sin embargo, como la mayor parte de ellos son gente rica, los ministros procuran retenerlos, aunque no sean más merecedores de estar en la iglesia que Satanás y sus ángeles. Esto es precisamente lo que Satanás quería. Hace aparecer la religión de Jesús como popular y honrosa a los ojos de los mundanos. Dice a la gente que quienes profesan la religión recibirán más honores del mundo. Estas enseñanzas difieren notablemente de las de Cristo. La doctrina de él y el mundo no pueden convivir en paz. Quienes siguen a Cristo han de renunciar al mundo. Las enseñanzas halagadoras provienen de Satanás y sus ángeles. Ellos trazaron el plan, y los cristianos nominales lo llevaron a cabo. Enseñaron fábulas agradables que las gentes creyeron fácilmente, y se agregaron a la iglesia pecadores hipócritas y descarados. Si la verdad hubiese sido predicada en su pureza, pronto habría eliminado a esa clase. Pero no hubo diferencia entre los que profesaban servir a Cristo y los mundanos. Vi que si la falsa cubierta hubiese sido arrancada de sobre los miembros de las iglesias, habría revelado tanta iniquidad, vileza y corrupción que el más tibio hijo de Dios no habría vacilado en llamar a esos profesos cristianos por su verdadero nombre: hijos de su padre, el diablo, cuyas obras hacían.
Jesús y toda la hueste celestial miró con desagrado la escena; sin embargo Dios tenía para la iglesia un mensaje que era sagrado e importante. Si se lo recibía, produciría una reforma cabal en la iglesia, haciendo revivir el testimonio vivo que eliminaría a los hipócritas y pecadores, y devolvería a la iglesia el favor de Dios." Primeros Escritos, p. 227-229